Departamento deFilosofía
Ortega y Gasset · El tema de nuestro tiempo

59 · La verdad integral

Ahora bien: la reducción o conversión del mundo a horizonte no resta lo más mínimo de realidad a aquél; simplemente lo refiere al sujeto viviente, cuyo mundo es, lo dota de una dimensión vital, lo localiza en la corriente de la vida, que va de pueblo en pueblo, de generación en generación, de individuo en individuo, apoderándose de la realidad universal. De esta manera, la peculiaridad de cada ser, su diferencia individual, lejos de estorbarle para captar la verdad, es precisamente el órgano por el cual puede ver la porción de realidad que le corresponde. […] La verdad integral sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo; y así sucesivamente. Cada individuo es un punto de vista esencial. Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograría tejer la verdad omnímoda y absoluta.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a El tema de nuestro tiempo, obra en la que Ortega reflexiona sobre la relación entre razón y vida y formula, frente a esa tensión, su propia filosofía del punto de vista.

Idea principal 1.1

La idea principal del texto es que convertir el mundo en horizonte propio «no resta lo más mínimo de realidad a aquél», dice. La peculiaridad propia de cada ser es «precisamente el órgano por el cual puede ver la porción de realidad que le corresponde» a él. De ahí sale la conclusión final: «La verdad integral sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo», yo mismo.

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es cómo llegar a la verdad completa si todos los saberes humanos son parciales. Y si nadie llega a ver nunca el conjunto, ¿queda esa verdad para siempre fuera del alcance humano? Lo que aquí se plantea es entender el conocimiento como una tarea colectiva y además histórica. El problema es epistemológico con claras repercusiones ontológicas: alcanzar la verdad total a partir de saberes parciales convierte a cada vida en una pieza sin la cual quedaría incompleta.

Comentario del texto 1.2

El texto empieza despejando una sospecha muy razonable. Si el mundo se convierte en simple horizonte, ¿no se vuelve entonces subjetivo? La respuesta de Ortega es que no: «no resta lo más mínimo de realidad a aquél». Solo «lo refiere al sujeto viviente, cuyo mundo es, lo dota de una dimensión vital, lo localiza en la corriente de la vida», dentro de ella. Conviene retener bien esa imagen, porque la vida «va de pueblo en pueblo, de generación en generación, de individuo en individuo, apoderándose de la realidad universal»: conocer es, pues, una conquista que avanza a lo largo de la historia.

Se remata después del todo la inversión del prejuicio racionalista. La diferencia individual de cada uno, «lejos de estorbarle para captar la verdad, es precisamente el órgano por el cual puede ver la porción de realidad que le corresponde». Cada peculiaridad nuestra funciona así como un instrumento óptico único e irrepetible. Y de ahí se sigue algo bastante serio: lo que una época no llega a ver, si ninguna otra lo ve, se pierde. Cada perspectiva carga, pues, con una responsabilidad propia.

La conclusión ofrece por fin el método para alcanzar la verdad total: «La verdad integral sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo; y así sucesivamente». Cada individuo viene a ser «un punto de vista esencial», y «Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograría tejer la verdad omnímoda y absoluta», la de todos ellos, es decir, la verdad entera, la que lo abarca todo.

Merece la pena fijarse bien en los tres verbos que emplea aquí: articular, yuxtaponer, tejer. La verdad absoluta deja así de ser la intuición de un genio solitario, al modo de Descartes, y pasa a ser más bien un tejido hecho entre muchos. Ortega conserva de este modo el ideal de una verdad absoluta, y en eso se opone al relativismo; pero lo traslada del individuo aislado a la humanidad entera a lo largo de su historia, oponiéndose así al racionalismo.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Ortega defiende que la verdad integral se teje articulando las visiones de todos, está formulando el núcleo de su perspectivismo. El texto muestra la solución al viejo dilema: el sujeto ni es transparente ni deforma lo real, sino que selecciona. Cada individuo, cada pueblo y cada época captan de verdad su porción de realidad, de modo que la perspectiva no deforma el mundo, sino que lo organiza. Y la única perspectiva falsa es aquella que pretende ser la única posible.

Esta doctrina es mucho más que una simple teoría del conocimiento, porque es la base sobre la que descansa todo su pensamiento posterior. Si toda verdad es perspectiva, entonces la razón pura debe ser sustituida por una razón vital, situada siempre en una vida concreta y en una época concreta. Veamos ahora el sistema completo.

Síntesis de la filosofía de Ortega y Gasset 2.2

La filosofía de Ortega es lo que él llama raciovitalismo, es decir, el intento de unir de nuevo la razón y la vida, y se resume entera en su fórmula más conocida y repetida: «yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo».

Parte de una doble crítica. El racionalismo salva la verdad, pero renunciando a la vida, porque inventa un sujeto abstracto, igual en todas las épocas y en todos los lugares, que conoce pero no vive; por eso resulta antihistórico. El relativismo hace justamente lo contrario, salva la vida negando la verdad, y con ello se contradice a sí mismo, ya que negar la verdad es afirmar al menos una. Los dos fracasan, y lo hacen por cegueras que se complementan.

La primera pieza de su solución es, como se ha visto, el perspectivismo. El sujeto no es ni transparente ni deformador, sino más bien selectivo, como un cedazo que deja pasar unas cosas y retiene forzosamente otras. Cada vida es un punto de vista único sobre el universo, y cada individuo, cada pueblo y cada época captan una porción real de la verdad que ningún otro puede captar. La perspectiva, por tanto, forma parte de la realidad misma y no la deforma en absoluto. La única perspectiva falsa es aquella que pretende ser la única posible, y la verdad completa no sería otra cosa que la suma articulada de todas las miradas.

La segunda pieza de la solución es la razón vital. No hay por qué elegir entre razón y vida, porque la razón no es sino un instrumento que la vida se da a sí misma para poder orientarse. Frente a la razón pura, que solo produce abstracciones vacías, la razón vital piensa desde la vida concreta y desde su propia historia.

Al final, Ortega hace de la vida la realidad radical, es decir, aquella en la que aparece todo lo demás. Vivir es encontrarse en una circunstancia que no hemos elegido y tener que hacer algo con ella, de modo que la vida es siempre quehacer y proyecto. El ser humano no tiene naturaleza, lo que tiene es historia. Por eso la razón vital acaba siendo también razón histórica, y cada generación tiene su propia tarea: la nuestra es reconciliar de una vez la razón con la vida.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el racionalismo moderno 3.1

El problema del texto gira en torno a una determinada idea de la razón: ¿es una facultad pura, ajena por completo a la vida y a la historia, o es más bien una función de la vida misma? La primera respuesta define una corriente muy concreta, el racionalismo moderno.

Corriente dominante en Europa durante los siglos XVII y XVIII, sostiene que la razón es una sola e idéntica en todos los hombres y en todas las épocas, que su modelo indiscutible es la matemática y que, con el método adecuado, llega a alcanzar verdades absolutas, válidas «para todos los tiempos y para todos los hombres». Para conseguirlo tiene que apartar del sujeto que conoce todo lo individual, lo corporal y lo histórico, que es exactamente la posición que el texto viene a combatir. Su fundador y máximo representante es, sin discusión, Descartes, a quien el propio Ortega llama, con toda razón, «padre del moderno racionalismo».

El autor: Descartes 3.2

Descartes encarna precisamente esa razón pura que Ortega somete a discusión. Su método exige aceptar solo ideas claras y distintas, evidentes para cualquiera que razone bien y con orden; y para fundarlas somete absolutamente todo a la duda —los sentidos, el sueño, el genio maligno— hasta dar por fin con la primera certeza: «pienso, luego existo». El yo queda definido entonces como pura «cosa que piensa», sin cuerpo ninguno y sin mundo alguno, y desde ahí, con la garantía de que Dios no puede engañar, se reconstruye después el saber entero. La razón, bien conducida, no puede equivocarse nunca, porque el error es siempre culpa de la voluntad, que «escoge lo falso como verdadero»: de modo que equivocarse y pecar acaban yendo juntos.

Ortega responde a todo esto señalando el alto precio que hay que pagar por esa razón. El sujeto que ese método necesita tiene que ser «un medio transparente», «ultravital y extrahistórico», o sea, un «espectro irreal» que conoce pero que no vive. Y su verdad tendría que verse desde «lugar ninguno», que es justamente la utopía racionalista y, según él, «la sola perspectiva falsa». Así, la vida concreta —el cuerpo, la época, la circunstancia— queda expulsada por completo del conocimiento, y la historia se queda sin ningún sentido, reducida a un montón de «estorbos puestos a la razón para manifestarse».

Frente al cogito cartesiano, Ortega opone su propia fórmula, «yo soy yo y mi circunstancia»: lo primero de todo no es una conciencia sin mundo, sino una vida enredada con las cosas, porque «el mundo nos es y nosotros somos al mundo». Y frente a la razón pura propone en su lugar la razón vital, que no es un tribunal fuera del tiempo, sino un instrumento de la vida, siempre situado e histórico. Donde Descartes parte al ser humano por la mitad en dos sustancias separadas, pensamiento y extensión, Ortega responde sin rodeos que materia y espíritu «son dos mitos», y que lo único radical es la vida misma.