Departamento deFilosofía
Nietzsche · El crepúsculo de los ídolos

43 · Error y apariencia (5)

Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros ( - digo nosotros por cortesía…) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa, en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, substancia, causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error… Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general; cree en el "yo", cree que el yo es un ser, que el yo es una substancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la substancia-yo- así es como crea el concepto "cosa"… El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa; del concepto "yo" es del que se sigue, como derivado, el concepto "ser"…

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a El crepúsculo de los ídolos, obra breve y de tono combativo en la que Nietzsche critica los grandes errores de la filosofía occidental y reivindica la vida y los sentidos.

Idea principal 1.1

La idea principal del texto es que el error del ser no está ya en los sentidos, sino en el propio lenguaje. Ese «fetichismo ve en todas partes agentes y acciones»: cree que la voluntad es siempre la causa, cree además en el «yo» como sustancia y proyecta después esa creencia sobre las cosas, hasta llegar a crear «el concepto “cosa”».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es qué relación hay entre el lenguaje y el pensamiento mismo. ¿Pensamos de veras la realidad o pensamos más bien nuestra propia gramática? ¿Las categorías de la razón describen el mundo, o se limitan a repetir la estructura de nuestras frases? El problema es epistemológico con hondas repercusiones ontológicas: se examina aquí cómo pensamos realmente y se acaba descubriendo que la gramática es la que fabrica la cosa, la sustancia y el ser mismo.

Comentario del texto 1.2

El texto empieza señalando una curiosa inversión histórica en el reparto de las sospechas. «En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia», dice, es decir, como una señal de que algo nos estaba induciendo a error. Hoy en día ocurre justo lo contrario, porque hoy «el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, substancia, causa, coseidad, ser», y así, dice, «nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error». Antes de todo esto lo sospechoso era el cambio; ahora lo sospechoso es más bien la permanencia que la propia razón añade por su cuenta.

¿Y de dónde saca la razón toda esa fuerza? Del lenguaje. El texto lo detalla bien, paso a paso: ese «fetichismo ve en todas partes agentes y acciones» por igual, porque toda frase tiene un sujeto y un verbo, o sea, alguien que hace algo. De ahí salen después las ficciones una tras otra: «Cree que la voluntad es la causa en general.», dice. «Cree en el “yo”, cree que el yo es un ser, que el yo es una substancia.» Y después de eso «proyecta sobre todas las cosas la creencia en la substancia-yo», de modo que «así es como crea el concepto “cosa”», sin más.

Conviene fijarse bien en el orden, porque resulta muy revelador. Primero nos inventamos a nosotros mismos como sujetos estables, y solo después llenamos el mundo entero de copias de esa ficción. Por eso mismo «el ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa», y por eso también «del concepto “yo” es del que se sigue, como derivado, el concepto “ser”». La categoría más abstracta de toda la metafísica resulta ser, al final, un simple reflejo gramatical del pronombre personal.

La crítica alcanza así su nivel más profundo de todos, porque ya no basta con rehabilitar los sentidos: hay que sospechar además de la sintaxis misma con la que estamos pensando. El texto siguiente sacará por fin la conclusión: mientras sigamos creyendo en la gramática, seguiremos creyendo también en Dios.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Nietzsche denuncia el fetichismo de la gramática, está ajustando cuentas con toda la tradición filosófica anterior. El texto muestra con precisión dónde está la raíz del error: no en los sentidos, que muestran fielmente el devenir, sino en la razón y en el lenguaje, que imponen sobre él ficciones como la sustancia, el yo o el ser. El «mundo verdadero» no es más que un añadido mentiroso, porque solo existe este mundo.

Y la crítica es además un diagnóstico vital: quien inventa otro mundo mejor se está vengando en el fondo de este. Por eso su tarea tiene dos caras: destruir los ídolos —Dios, el ser, la moral— y afirmar en cambio aquello que negaban, es decir, la vida, el cuerpo y la tierra. Conviene exponer ahora su filosofía en su conjunto.

Síntesis de la filosofía de Nietzsche 2.2

La filosofía de Nietzsche es, ante todo, un vitalismo, lo que significa que el valor más alto es la vida misma y que toda idea, sin excepción, se juzga según la favorezca o la niegue.

Su diagnóstico de fondo es que Occidente se ha construido entero contra la vida. Platón inventó un «mundo verdadero», eterno, perfecto e inmutable, y rebajó este mundo de aquí, el del cuerpo y el cambio, a la condición de simple apariencia. El cristianismo extendió después ese esquema entre la gente corriente, y por eso Nietzsche lo llama «platonismo para el pueblo». La moral tradicional, además, nace según él del resentimiento de los débiles contra todo lo fuerte y vital.

La crítica alcanza también, y muy a fondo, al conocimiento. Las categorías de la razón —sustancia, causa, yo, ser— no son más que ficciones útiles que el lenguaje nos impone. Los sentidos no mienten, porque muestran el cambio tal como es; la que miente es la razón, que lo congela en conceptos fijos. No hay, por tanto, ninguna verdad absoluta: toda verdad es interpretación, un punto de vista al servicio de la vida.

El anuncio central es la muerte de Dios, es decir, la constatación de que la fe que sostenía la verdad, la moral y el sentido de la vida ha perdido toda su fuerza. La consecuencia inmediata es el nihilismo, que puede ser pasivo, si lleva a desesperar o a seguir viviendo de valores ya muertos, o activo, si se aprovecha como ocasión para crear valores nuevos.

De ahí sale su propuesta. El superhombre es aquel que crea sus propios valores, permanece siempre fiel a la tierra y dice sí a la vida entera, incluso a lo más terrible que traiga: esa es la actitud dionisíaca. La voluntad de poder es el fondo último de toda vida, el afán de crecer, de superarse y de crear. Y el eterno retorno viene a ser la prueba definitiva de esa afirmación: vivir de tal modo que uno quiera que su vida se repita eternamente.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: la filosofía griega clásica 3.1

El problema que plantea el texto es, en el fondo, una tesis muy concreta sobre la verdad: no existe ninguna verdad absoluta y eterna, y lo que llamamos verdad no es más que una construcción al servicio de la vida. Al negarla, Nietzsche rechaza de raíz la concepción que fundó Occidente, la verdad entendida como la adecuación de la razón a lo real.

Esa concepción pertenece a la filosofía griega clásica, la corriente que, de Parménides a Aristóteles, sostiene que hay una realidad estable, universal y siempre idéntica y que la razón, apartándose de los sentidos, puede llegar a conocerla tal como es en sí misma. La verdad resulta así una, eterna e inmutable, y de ella depende también, en último término, el bien. Esta corriente es precisamente el gran adversario de todo el texto, y su representante máximo es, sin duda, Platón.

El autor: Platón 3.2

Platón sostiene, frente a él, punto por punto, exactamente lo que el texto destruye, porque para él los dos términos de esa adecuación son firmes y seguros. Hay una realidad verdadera, el mundo inteligible de las Ideas, eternas, inmutables y siempre iguales, del que todo lo que percibimos no es más que una copia; y su axioma es justamente el que Nietzsche cita para demolerlo: «lo que es no deviene; lo que deviene no es». Y hay además una razón capaz de alcanzarla, porque el alma, apartándose de los sentidos, que solo dan opinión o doxa, asciende poco a poco mediante la dialéctica hasta las Ideas y hasta su fundamento último, la Idea del Bien, causa a la vez del ser y de la verdad.

La verdad es, pues, exactamente lo que Nietzsche niega: la adecuación de la razón a lo real, y no un invento de la vida. Es más, y esto es decisivo, la relación entre ambas se invierte por completo, porque para Platón la verdad no depende de la vida, sino que la vida buena depende de la verdad: quien conoce el Bien vive necesariamente bien, y por tanto el saber funda el valor.

Y ese fundamento absoluto es precisamente lo que muere con la muerte de Dios. El Bien platónico, situado «más allá de la esencia», es el primer sol de toda la cultura occidental, de modo que cuando el hombre loco pregunta qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol, el sol que se ha apagado es el de Platón. Por eso Nietzsche llama al cristianismo «platonismo para el pueblo» y se presenta a sí mismo, sin ninguna modestia, como el anti-Platón.

La confrontación es total y no admite término medio: verdad hallada o verdad creada; ser o devenir; el alma contra el cuerpo o el cuerpo como gran razón; ascenso al Bien o fidelidad a la tierra.