Departamento de Filosofía
Ortega y Gasset · El tema de nuestro tiempo

46 · El relativismo

Bajo el nombre «verdad» se oculta un problema sumamente dramático. La verdad, el reflejar adecuadamente lo que las cosas son, se obliga a ser una e invariable. Más la vida humana, en su multiforme desarrollo, es decir, en la historia, ha cambiado constantemente de opinión, consagrando como «verdad» la que adoptaba en cada caso. ¿Cómo compaginar lo uno con lo otro? ¿Cómo avecindar la verdad, que es una e invariable, dentro de la vitalidad humana, que es, por esencia, mudadiza y varía de individuo a individuo, de raza a raza, de edad a edad? Si queremos atenernos a la historia viva y perseguir sus sugestivas ondulaciones, tenemos que renunciar a la idea de que la verdad se deja captar por el hombre. Cada individuo posee sus propias convicciones, más o menos duraderas, que son «para» él la verdad. […] «La» verdad, pues, no existe: no hay más que verdades «relativas» a la condición de cada sujeto. Tal es la doctrina «relativista».
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto de El tema de nuestro tiempo, obra en la que Ortega y Gasset reflexiona sobre la relación entre razón y vida y formula su filosofía del punto de vista.

Idea principal 1.1

La idea principal es que bajo la palabra «verdad» se oculta «un problema sumamente dramático». La verdad «se obliga a ser una e invariable». Pero la vida humana cambia constantemente de opinión. El relativismo responde sacrificando la verdad: «“La” verdad, pues, no existe».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es la compatibilidad entre verdad y vida. ¿Cómo puede algo único y eterno alojarse en una existencia cambiante e histórica? Es la tensión entre lo absoluto del conocimiento y la temporalidad de quien conoce.

Comentario del texto 1.2

El texto plantea la antinomia con claridad. Por un lado, la exigencia lógica: «la verdad, el reflejar adecuadamente lo que las cosas son, se obliga a ser una e invariable». Si la verdad es reflejo de lo real, no puede haber varias. Ni puede cambiar. Por otro lado, el hecho histórico: la vida humana, «en su multiforme desarrollo, es decir, en la historia, ha cambiado constantemente de opinión». Cada época consagró como «verdad» la suya.

Las preguntas del texto expresan el conflicto: «¿Cómo compaginar lo uno con lo otro? ¿Cómo avecindar la verdad, que es una e invariable, dentro de la vitalidad humana, que es, por esencia, mudadiza»? La vitalidad varía «de individuo a individuo, de raza a raza, de edad a edad». La verdad, no.

Después se presenta la primera solución: el relativismo. Si queremos ser fieles a «la historia viva», debemos renunciar «a la idea de que la verdad se deja captar por el hombre». La descripción es casi cariñosa. Cada individuo tiene sus convicciones, que son «“para” él la verdad». En ellas «enciende su hogar íntimo, que le mantiene cálido sobre el haz de la existencia». Las convicciones son antes un hogar que una teoría. Pero la conclusión es tajante: «“La” verdad, pues, no existe: no hay más que verdades “relativas” a la condición de cada sujeto».

El fragmento es un planteamiento. Presenta el dilema y una de sus dos salidas fallidas. Lo interesante es cómo convierte una cuestión «en apariencia incidental» en la raíz del tema de la época: la relación entre razón y vida. Ortega la resolverá con el perspectivismo y la razón vital.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Ortega presenta el conflicto entre la verdad invariable y la vida cambiante, está despejando el camino hacia su propia filosofía. El texto nos ha mostrado el dilema: la verdad exige ser una e invariable, pero la vida es cambio e historia. El relativismo sacrifica la verdad y se suicida como teoría. El racionalismo sacrifica la vida e inventa un sujeto abstracto que conoce pero no vive.

Ambos fracasan por lo mismo: creen que hay que elegir entre verdad y vida. Ortega niega esa disyuntiva. Su solución tiene dos piezas: el perspectivismo —toda verdad se conquista desde un punto de vista— y la razón vital, una razón que vive en la historia. Conviene exponer su filosofía en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Ortega y Gasset 2.2

La filosofía de Ortega es el raciovitalismo: el intento de unir razón y vida, resumido en su fórmula «yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo».

Parte de una doble crítica. El racionalismo salva la verdad renunciando a la vida: inventa un sujeto abstracto, igual en todas las épocas, que conoce pero no vive; es antihistórico. El relativismo salva la vida negando la verdad, y se contradice, porque negar la verdad es afirmar al menos una. Ambos fracasan por cegueras complementarias.

La primera pieza de su solución es el perspectivismo. El sujeto no es transparente ni deformador: es selectivo, como un cedazo. Cada vida es un punto de vista sobre el universo, y cada individuo, pueblo o época capta una porción real e insustituible de la verdad. La perspectiva es un componente de la realidad, no su deformación. La única perspectiva falsa es la que pretende ser única. La verdad total sería la articulación de todas las miradas.

La segunda pieza es la razón vital. No hay que elegir entre razón y vida: la razón es un instrumento que la vida se da para orientarse. Frente a la razón pura, que solo produce abstracciones, la razón vital piensa desde la vida y su historia.

Al final, Ortega hace de la vida la realidad radical: en ella aparece todo lo demás. Vivir es encontrarse en una circunstancia no elegida y tener que hacer algo con ella: la vida es quehacer y proyecto. El hombre no tiene naturaleza, tiene historia. Por eso la razón vital acaba siendo razón histórica, y cada generación tiene su tarea: la nuestra, reconciliar la razón con la vida.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el racionalismo moderno 3.1

El problema planteado en el texto gira en torno a la concepción de la razón: ¿es la razón una facultad pura, ajena a la vida y a la historia, o una función de la vida misma? La primera respuesta define a una corriente precisa: el racionalismo moderno. Dominante en Europa durante los siglos XVII y XVIII, sostiene que la razón es una e idéntica en todos los hombres y todas las épocas; que su modelo es la matemática; y que, con el método adecuado, alcanza verdades absolutas, válidas «para todos los tiempos y para todos los hombres». Para lograrlo debe apartar del sujeto todo lo individual, corporal e histórico. Es, exactamente, la posición que el texto examina y combate. Su fundador y máximo representante es Descartes, «padre del moderno racionalismo», como lo llama el propio Ortega.

El autor: Descartes 3.2

Descartes encarna la razón pura que Ortega discute. Su método exige aceptar solo ideas claras y distintas, evidentes para cualquier sujeto racional. Para fundarlas, somete todo a la duda —los sentidos, el sueño, el genio maligno— hasta la primera certeza: «pienso, luego existo». El yo queda definido como pura «cosa que piensa», sin cuerpo y sin mundo; y desde él, con la garantía de la veracidad divina, se reconstruye el saber entero. La razón, bien conducida, no puede errar: el error es culpa de la voluntad, que «escoge lo falso como verdadero»; equivocarse y pecar van juntos.

Ortega responde señalando el precio de esa razón. Su sujeto debe ser «un medio transparente», «ultravital y extrahistórico»: un «espectro irreal» que conoce pero no vive. Y su verdad debe verse desde «lugar ninguno»: la utopía racionalista, «la sola perspectiva falsa». La vida concreta —cuerpo, época, circunstancia— queda expulsada del conocimiento, y la historia, sin sentido: solo «estorbos puestos a la razón para manifestarse».

Frente al cogito, Ortega opone su fórmula: «yo soy yo y mi circunstancia». Lo primero no es una conciencia sin mundo, sino una vida con las cosas: «el mundo nos es y nosotros somos al mundo». Y frente a la razón pura, la razón vital: no un tribunal intemporal, sino un instrumento de la vida, situado e histórico. Donde Descartes parte al hombre en dos sustancias —pensamiento y extensión—, Ortega responde que materia y espíritu «son dos mitos»: lo radical es la vida misma.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.