Departamento de Filosofía
Descartes · Meditaciones metafísicas I

16 · Demoler las viejas opiniones

He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias. […]
Así pues, ahora que mi espíritu está libre de todo cuidado, habiéndome procurado reposo seguro en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir en general todas mis antiguas opiniones.
Ahora bien, para cumplir tal designio, no me será necesario probar que son todas falsas, lo que acaso no conseguiría nunca; sino que, por cuanto la razón me persuade desde el principio para que no dé más crédito a las cosas no enteramente ciertas e indudables que a las manifiestamente falsas me bastará para rechazarlas todas con encontrar en cada una el más pequeño motivo de duda. Y para eso tampoco hará falta que examine todas y cada una en particular, pues sería un trabajo infinito; sino que, por cuanto la ruina de los cimientos lleva necesariamente consigo la de todo el edificio, me dirigiré en principio contra los fundamentos mismos en que se apoyaban todas mis opiniones antiguas.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto de las Meditaciones metafísicas, obra en la que Descartes busca fundamentar con certeza el conocimiento a partir de la duda metódica.

Idea principal 1.1

La idea principal es el proyecto de la duda metódica. Hay que «emprender seriamente, una vez en la vida», la tarea de deshacerse de todas las opiniones recibidas y «empezar todo de nuevo desde los fundamentos». Bastará encontrar en cada opinión «el más pequeño motivo de duda».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es el de la fundamentación del saber. ¿Sobre qué descansa todo lo que creemos conocer? ¿Puede la ciencia tener un cimiento absolutamente firme? ¿O vivimos instalados en creencias que nunca hemos examinado?

Comentario del texto 1.2

El texto parte de una confesión personal. Desde niño, Descartes admitió «como verdaderas muchas opiniones falsas». Y lo que construyó encima «tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto». La metáfora del edificio organiza todo el razonamiento. El saber es una construcción. Si los cimientos fallan, todo lo demás se tambalea. Por eso hay que «empezar todo de nuevo desde los fundamentos». Esta duda no es la del escéptico. El escéptico duda para no afirmar nada. Descartes duda para encontrar algo indudable. Es una duda metódica y constructiva.

También se fijan las condiciones del ejercicio. El espíritu está «libre de todo cuidado», en «una apacible soledad». La meditación exige calma y madurez. Es una tarea deliberada, que se hace «una vez en la vida».

Luego vienen dos reglas prácticas. Primera: no hace falta probar que todas las opiniones son falsas. Eso sería imposible. Basta encontrar «el más pequeño motivo de duda». Lo dudoso se tratará igual que lo «manifiestamente falso». Aquí se ve la exigencia cartesiana: solo vale la certeza absoluta. Lo probable no basta. Segunda regla: no hay que examinar las opiniones una por una. Sería «un trabajo infinito». Como «la ruina de los cimientos lleva necesariamente consigo la de todo el edificio», la duda atacará directamente «los fundamentos mismos». Esos fundamentos son los sentidos y la razón.

El fragmento es el programa de toda la Meditación Primera. Anuncia los escalones de la duda: los sentidos, el sueño y el genio maligno. Al final del camino aparecerá la primera certeza: el cogito.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Descartes decide derribar todas sus opiniones y empezar de nuevo desde los fundamentos, no busca quedarse en la duda. El texto nos ha mostrado que su duda es metódica: se duda una vez en la vida para encontrar algo indudable. Por eso lo dudoso se trata como falso, y la duda ataca los fundamentos.

La duda tiene, sin embargo, un límite, y ahí empieza el sistema. Puedo dudar de todo, menos de que dudo. Si dudo, pienso; y si pienso, existo. El cogito es el punto de apoyo buscado, desde el que Descartes reconstruye el yo, Dios y el mundo. Veamos ese sistema en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Descartes 2.2

La filosofía de Descartes inaugura el racionalismo moderno. Ante el desprestigio de la escolástica y el éxito de la nueva ciencia, busca en la razón un saber tan firme como el de las matemáticas.

De ellas toma su método: evidencia (aceptar solo lo claro y distinto), análisis, síntesis y enumeración. Aplicado con radicalidad, el método se convierte en duda metódica: dudar de todo lo que admita el menor motivo de duda. Los sentidos engañan a veces. El sueño se confunde con la vigilia. Y un genio maligno podría engañarnos hasta en las matemáticas.

De esa duda universal se salva una certeza: «pienso, luego existo». El cogito es la primera verdad del sistema y el modelo de todas: se capta con claridad y distinción. El yo queda definido como sustancia pensante (res cogitans): su esencia es la conciencia, no el cuerpo.

Desde el yo se reconstruye lo demás. Entre mis ideas hay una que no puedo haber fabricado: la de un ser infinito y perfecto. Siendo yo finito, su causa solo puede ser Dios. Y Dios, por ser perfecto, no engaña: su veracidad garantiza el mundo exterior y el buen uso de la razón. El error nace de la voluntad, que juzga más allá de lo que el entendimiento ve claro.

El sistema queda en tres sustancias: Dios, sustancia infinita; el alma, sustancia pensante; y los cuerpos, sustancia extensa, regida por leyes mecánicas. En el hombre se unen las dos sustancias finitas: es el dualismo cartesiano, con su gran problema —la comunicación entre alma y cuerpo—, que Descartes intentó resolver, sin éxito, con la glándula pineal.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: las filosofías de la vida del siglo XX 3.1

El problema planteado en el texto descansa sobre una concepción de la razón. Para Descartes, la razón es una facultad única, igual en todos los hombres y en todas las épocas: una razón pura, intemporal, que con el método adecuado alcanza verdades absolutas. Es la fe del racionalismo moderno. Frente a ella, en el siglo XX se desarrollan las filosofías de la vida. Su tesis es que esa razón pura no existe: la razón nace de la vida, funciona dentro de una vida y sirve a una vida. Pensamos siempre desde una situación, una época y una biografía. No hay conocimiento sin punto de vista, y la pretensión de un saber válido para todos los tiempos es una ficción. En España, esta corriente culmina en el raciovitalismo de Ortega y Gasset.

El autor: Ortega y Gasset 3.2

Ortega confronta directamente la razón cartesiana. Descartes exige un sujeto que sea «un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y mañana»: solo así la evidencia vale siempre e igual para todos. Ortega responde que ese sujeto es imposible: «vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia». El racionalismo, «para salvar la verdad, renuncia a la vida», y su sujeto puro resulta un «espectro irreal» que conoce pero no vive.

La incapacidad se comprueba en la historia. Si la razón es una e idéntica, ¿por qué la humanidad ha vivido «milenariamente» en el error y el desacuerdo? Descartes solo puede responder moralizando: erramos porque la voluntad desborda al entendimiento, «ésta es la causa de que me equivoque y peque». La historia queda en «un lugar de castigo»: el racionalismo es antihistórico.

Frente a la razón pura, Ortega propone otra concepción: la razón vital. La razón no es un tribunal fuera del tiempo, sino un instrumento que la vida se da para orientarse. El sujeto no es transparente ni deformador: es un cedazo que selecciona, y cada vida, cada pueblo y cada época captan su porción real de verdad. «La sola perspectiva falsa es ésa que pretende ser la única»: justo la que el método cartesiano exige. Donde Descartes buscaba la certeza desde ningún lugar, Ortega busca la verdad articulando todos los puntos de vista. La razón pura «tiene que ser sustituida por una razón vital», localizada, histórica y móvil.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.