Los 15 textos de comentario, cada uno con su idea clave.
Texto 15Discurso del método
Las cuatro reglas del método
Como pocas leyes bien observadas rigen mejor un Estado, bastan cuatro reglas: evidencia (no admitir nada que no sea claro y distinto), análisis (dividir), orden (de lo simple a lo compuesto) y enumeración (recuentos completos).
Texto 16Meditaciones I
Demoler las viejas opiniones
Había admitido muchas opiniones falsas; hay que deshacerse de todas «una vez en la vida» y empezar «desde los fundamentos». Basta hallar «el más pequeño motivo de duda», y no examinarlas una a una, sino atacar los cimientos.
Texto 17Meditaciones I
El engaño de los sentidos
Todo lo aprendido «de los sentidos o por los sentidos»; y estos «me engañaban» a veces. Pero la duda solo llega a lo remoto: no puedo negar «que estoy aquí, sentado junto al fuego» sin ponerme «a la altura de esos insensatos».
Texto 18Meditaciones I
El argumento del sueño
«¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar… que estaba junto al fuego, estando en realidad… en la cama!» «No hay indicios… que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia.»
Texto 19Meditaciones I
Pintores y cosas simples
Aun soñando, las imágenes se forman «a semejanza de algo real»: como los pintores mezclan partes reales, hay «cosas generales» (ojos, cabeza, manos, cuerpo) que existen; y al menos «los colores… deben ser verdaderos».
Texto 20Meditaciones I
La aritmética indudable
Hay cosas aún más simples y universales (extensión, figura, número…). Física y medicina son dudosas; pero la aritmética y la geometría son ciertas: «duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco».
Texto 21Meditaciones I
El genio maligno
Quizá Dios «haya querido que me engañe» hasta al sumar. Supondré un «genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso»; me consideraré «sin manos, sin ojos, sin carne», y al menos suspenderé el juicio.
Texto 22Meditaciones II
En aguas profundas
Las dudas lo turban «como caído en aguas muy profundas». Seguirá la vía de ayer hasta hallar algo cierto. Como Arquímedes, que pedía «un punto de apoyo firme e inmóvil», busca «una sola cosa cierta e indubitable».
Texto 23Meditaciones II
Pienso, luego existo
Aunque todo sea falso y un engañador lo burle, «nunca podrá hacer que yo no sea nada, mientras… esté pensando que soy algo». «Yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu.»
Texto 24Meditaciones II
¿Qué soy yo?
Sé que soy, pero aún no qué soy. Examinará «lo que antes creía ser». ¿Un hombre? ¿«un animal racional»? No: eso llevaría a infinitas cuestiones. Solo admitirá lo «enteramente indudable».
Texto 25Meditaciones II
Cuerpo y alma
Lo que creía ser: un rostro, manos… «esa máquina de huesos y carne» (el cuerpo); y me nutría, andaba, sentía y pensaba (el alma), que imaginaba «como un viento, una llama o un delicado éter».
Texto 26Meditaciones II
La naturaleza del cuerpo
Cuerpo: «todo aquello que puede estar delimitado por una figura, situado en un lugar… ser sentido por el tacto, la vista…, moverse… por alguna otra cosa». Bajo el genio maligno: «no hallo ninguno [de esos atributos] del que pueda decir que está en mí».
Texto 27Meditaciones II
Una cosa que piensa
Nutrirse y andar «no puedo sin cuerpo»; sentir tampoco (y engañó en sueños). «Un cuarto es pensar… el único que no puede separarse de mí»: «no soy más que una cosa que piensa, un espíritu, un entendimiento o una razón».
Texto 28Meditaciones II
Los atributos del pensar
«¿Qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente.» Todo eso es tan cierto como que existo.
Texto 29Meditaciones II
Imaginar y sentir
Imaginar «forma parte de mi pensamiento». Y aunque sueñe, «es muy cierto que me parece ver, oír, sentir calor, y eso es propiamente lo que en mí se llama sentir… no es otra cosa que pensar».