Departamento de Filosofía
Línea ontoepistemológica

Descartes

1596 – 1650 · 15 textos de comentario

Síntesis de su filosofía

Esquema visual

El método y el cogito

Del Discurso del método a las Meditaciones: primero las reglas para conducir bien la razón; luego la duda llevada al extremo hasta que sobrevive una sola certeza.

El método — Discurso del método, 2.ª parte

Las cuatro reglas para buscar la verdad

15

Evidenciaclara y distinta

«No admitir nada como verdadero que no se presente tan clara y distintamente que no haya motivo para ponerlo en duda»; evitar la precipitación y la prevención.

Texto 15

Discurso del método. Primera regla: «no admitir cosa alguna como verdadera si no se la había conocido evidentemente como tal»; evitar «la precipitación y la prevención», admitiendo solo lo que se presente «tan clara y distintamente… que no tuviera motivo alguno para ponerlo en duda».

15

Análisisdividir

«Dividir cada una de las dificultades en cuantas partes sea posible y necesario para resolverlas mejor.»

Texto 15

Discurso del método. Segunda regla: «dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas parcelas como fuera posible y necesario para resolverlas más fácilmente».

15

Ordende lo simple a lo compuesto

«Conducir por orden los pensamientos, empezando por los objetos más simples, para ascender poco a poco hasta los más compuestos.»

Texto 15

Discurso del método. Tercera regla: «conducir por orden mis reflexiones, comenzando por los objetos más simples y fácilmente cognoscibles, para ascender poco a poco… hasta el conocimiento de los más complejos».

15

Enumeraciónrevisión completa

«Hacer recuentos tan completos y revisiones tan generales que se esté seguro de no omitir nada.»

Texto 15

Discurso del método. Cuarta regla: «realizar recuentos tan completos y revisiones tan amplias que pudiese estar seguro de no omitir nada».

Aplicar la regla de la evidencia hasta el límite: rechazar como falso todo lo que admita la menor duda.

La aplicación — Meditaciones metafísicas, I–II

La duda metódica y el cogito

La duda no es escepticismo: es la primera regla puesta en práctica. Cada nivel derriba un tipo de saber; bajo cada uno se señala qué contenidos mentales siguen en pie… hasta que solo resiste uno.

Primera Meditación

La duda — demoler lo dudoso

17

Los sentidos engañan

«Los sentidos nos engañan a veces; y es prudente no fiarse del todo de quien nos ha engañado una vez.»

Sigue en pie

Lo presente y cercano: que estoy aquí, junto al fuego; que este cuerpo es mío. Solo cae lo lejano y lo diminuto.

Texto 17

Meditaciones I. «Todo lo que he admitido… lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos; ahora bien, he experimentado a veces que tales sentidos me engañaban.» Pero la duda solo llega a «cosas muy remotas»: no puede negar «que estoy aquí, sentado junto al fuego… y este papel en mis manos», ni que «estas manos y este cuerpo sean míos» —salvo poniéndose «a la altura de esos insensatos».

181920

El sueño

«No hay indicios ciertos que permitan distinguir con claridad la vigilia del sueño.»

Sigue en pie

Las naturalezas simples y las matemáticas: extensión, figura, número… «2 + 3 = 5», tanto si duermo como si velo. Cae el mundo exterior.

Textos 18–20

Meditaciones I. «¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar… que estaba junto al fuego, estando en realidad… en la cama!» «No hay indicios… que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia.» Aun así subsisten las cosas simples y las matemáticas: «duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco» (textos 19–20).

21

El genio maligno

«Un genio maligno, no menos astuto y engañador que poderoso, ha empleado toda su industria en engañarme.»

Ya no queda nada en pie

La duda alcanza incluso a la aritmética y la geometría. Todo saber se derrumba… salvo lo que se descubrirá enseguida.

Texto 21

Meditaciones I. Quizá Dios «haya querido que me engañe cuantas veces sumo dos más tres». Supondré, pues, «no un verdadero Dios… sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme»; me consideraré «sin manos, sin ojos, sin carne».

Punto de Arquímedes
Segunda Meditación

La certeza — del «yo existo» a la «cosa que piensa»

Hallado el punto firme, Descartes pregunta qué es ese «yo». Repasa lo que antes creía ser —un cuerpo y un alma— y comprueba qué resiste a la duda antes de concluir cuál es su naturaleza.

Resiste al genio maligno
2223

El cogito

«Yo soy, yo existo»

Necesariamente verdadera cada vez que la pronuncio o la concibo en mi espíritu. Aunque el genio me engañe en todo, no puede hacer que yo no sea nada mientras pienso.

Textos 22–23

Meditaciones II. Como Arquímedes, que solo pedía «un punto de apoyo firme e inmóvil», busca «una sola cosa cierta e indubitable». «Si… pienso algo, es porque yo soy»; aunque el engañador me engañe, «nunca podrá hacer que yo no sea nada, mientras… esté pensando que soy algo». «Yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu.»

¿Qué es ese «yo»?

Descartes examina lo que creía ser

2526

El cuerponaturaleza corpórea

Se atribuía

Cuatro rasgos que definían la naturaleza corpórea.

Bajo la duda · nada resiste
  • Figura, lugar y extensióncaenel cuerpo entero podría no existir
  • Perceptible por los sentidoscaelos sentidos ya engañaron
  • Movido desde fueracaesupone un cuerpo real que lo mueva
Textos 25–26

Meditaciones II. Creía ser «esa máquina de huesos y carne»: «entiendo por cuerpo todo aquello que puede estar delimitado por una figura, situado en un lugar… ser sentido por el tacto, la vista…, moverse… por alguna otra cosa». Bajo el genio maligno: «¿puedo estar seguro de poseer el más mínimo de esos atributos…? No hallo ninguna de la que pueda decir que está en mí.»

27

El almasus cuatro funciones

Se atribuía

Cuatro funciones que antes refería al alma.

Bajo la duda
  • Nutrirse y andarcaenpresuponen un cuerpo
  • Sentircaeno se da sin cuerpo; ya engañó en sueños
  • Pensarresisteno puede separarse de mí
Texto 27

Meditaciones II. «Los primeros son nutrirme y andar; pero, si es cierto que no tengo cuerpo… no puedo andar ni nutrirme. Un tercero es sentir, pero no puede uno sentir sin cuerpo»… (y engañó en sueños). «Un cuarto es pensar: y aquí sí hallo que el pensamiento es un atributo que me pertenece, siendo el único que no puede separarse de mí.»

Conclusión
2829

La cosa pensanteres cogitans

«¿Qué soy? Una cosa que piensa: que duda, entiende, afirma, niega, quiere, imagina también, y siente.»

Soy, pues, precisamente un espíritu, un entendimiento, una razón. Y el alma se conoce antes y con más certeza que el cuerpo.

Textos 28–29

Meditaciones II. «¿Qué soy? Una cosa que piensa. ¿Y qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente.» El texto 29 desarrolla que imaginar y sentir, incluso cuando sus contenidos sean dudosos, «no es otra cosa que pensar».

El Discurso da el método; las Meditaciones lo ponen en práctica. La duda metódica es la primera regla llevada al extremo, y su recompensa es el punto firme desde el que reconstruir todo el saber.

René DescartesDiscurso del método, 2.ª parte (1637)Meditaciones metafísicas, I–II (1641)

Comentario texto por texto

Los 15 textos de comentario, cada uno con su idea clave.

Texto 15Discurso del método

Las cuatro reglas del método

Como pocas leyes bien observadas rigen mejor un Estado, bastan cuatro reglas: evidencia (no admitir nada que no sea claro y distinto), análisis (dividir), orden (de lo simple a lo compuesto) y enumeración (recuentos completos).

Texto 16Meditaciones I

Demoler las viejas opiniones

Había admitido muchas opiniones falsas; hay que deshacerse de todas «una vez en la vida» y empezar «desde los fundamentos». Basta hallar «el más pequeño motivo de duda», y no examinarlas una a una, sino atacar los cimientos.

Texto 17Meditaciones I

El engaño de los sentidos

Todo lo aprendido «de los sentidos o por los sentidos»; y estos «me engañaban» a veces. Pero la duda solo llega a lo remoto: no puedo negar «que estoy aquí, sentado junto al fuego» sin ponerme «a la altura de esos insensatos».

Texto 18Meditaciones I

El argumento del sueño

«¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar… que estaba junto al fuego, estando en realidad… en la cama!» «No hay indicios… que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia.»

Texto 19Meditaciones I

Pintores y cosas simples

Aun soñando, las imágenes se forman «a semejanza de algo real»: como los pintores mezclan partes reales, hay «cosas generales» (ojos, cabeza, manos, cuerpo) que existen; y al menos «los colores… deben ser verdaderos».

Texto 20Meditaciones I

La aritmética indudable

Hay cosas aún más simples y universales (extensión, figura, número…). Física y medicina son dudosas; pero la aritmética y la geometría son ciertas: «duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco».

Texto 21Meditaciones I

El genio maligno

Quizá Dios «haya querido que me engañe» hasta al sumar. Supondré un «genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso»; me consideraré «sin manos, sin ojos, sin carne», y al menos suspenderé el juicio.

Texto 22Meditaciones II

En aguas profundas

Las dudas lo turban «como caído en aguas muy profundas». Seguirá la vía de ayer hasta hallar algo cierto. Como Arquímedes, que pedía «un punto de apoyo firme e inmóvil», busca «una sola cosa cierta e indubitable».

Texto 23Meditaciones II

Pienso, luego existo

Aunque todo sea falso y un engañador lo burle, «nunca podrá hacer que yo no sea nada, mientras… esté pensando que soy algo». «Yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu.»

Texto 24Meditaciones II

¿Qué soy yo?

Sé que soy, pero aún no qué soy. Examinará «lo que antes creía ser». ¿Un hombre? ¿«un animal racional»? No: eso llevaría a infinitas cuestiones. Solo admitirá lo «enteramente indudable».

Texto 25Meditaciones II

Cuerpo y alma

Lo que creía ser: un rostro, manos… «esa máquina de huesos y carne» (el cuerpo); y me nutría, andaba, sentía y pensaba (el alma), que imaginaba «como un viento, una llama o un delicado éter».

Texto 26Meditaciones II

La naturaleza del cuerpo

Cuerpo: «todo aquello que puede estar delimitado por una figura, situado en un lugar… ser sentido por el tacto, la vista…, moverse… por alguna otra cosa». Bajo el genio maligno: «no hallo ninguno [de esos atributos] del que pueda decir que está en mí».

Texto 27Meditaciones II

Una cosa que piensa

Nutrirse y andar «no puedo sin cuerpo»; sentir tampoco (y engañó en sueños). «Un cuarto es pensar… el único que no puede separarse de mí»: «no soy más que una cosa que piensa, un espíritu, un entendimiento o una razón».

Texto 28Meditaciones II

Los atributos del pensar

«¿Qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente.» Todo eso es tan cierto como que existo.

Texto 29Meditaciones II

Imaginar y sentir

Imaginar «forma parte de mi pensamiento». Y aunque sueñe, «es muy cierto que me parece ver, oír, sentir calor, y eso es propiamente lo que en mí se llama sentir… no es otra cosa que pensar».

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