Departamento de Filosofía
Platón · Fedón

4 · Aprender es recordar

—Así que si, habiéndolo adquirido antes de nacer, nacimos teniéndolo, ¿sabíamos ya antes de nacer y apenas nacidos no solo lo igual, lo mayor, y lo menor, y todo lo de esa clase? Pues el razonamiento nuestro de ahora no es en algo más sobre lo igual en sí que sobre lo bello en sí, y lo bueno en sí, y lo justo y lo santo, y, a lo que precisamente me refiero, sobre todo aquello que etiquetamos con «eso lo que es», tanto al preguntar en nuestras preguntas como al responder en nuestras respuestas. De modo que nos es necesario haber adquirido los conocimientos de todo eso antes de nacer.
—Así es.
—Y si después de haberlos adquirido en cada ocasión no los olvidáramos, naceríamos siempre sabiéndolos y siempre los sabríamos a lo largo de nuestra vida. Porque el saber consiste en esto: conservar el conocimiento que se ha adquirido y no perderlo. ¿O no es eso lo que llamamos olvido, Simmias, la pérdida de un conocimiento?
—Totalmente de acuerdo, Sócrates –dijo.
—Y si es que después de haberlos adquirido antes de nacer, pienso, al nacer los perdimos, y luego al utilizar nuestros sentidos respecto a esas mismas cosas recuperamos los conocimientos que en un tiempo anterior ya teníamos, ¿acaso lo que llamamos aprender no sería recuperar un conocimiento ya familiar? ¿Llamándolo recordar lo llamaríamos correctamente?
—Desde luego.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto del Fedón, obra en la que Platón reflexiona sobre la inmortalidad del alma y la distinción entre el mundo sensible y el mundo inteligible.

Idea principal 1.1

La idea principal es que aprender es recordar. Antes de nacer conocimos «lo igual, lo mayor, y lo menor», y también «lo bello en sí, y lo bueno en sí, y lo justo y lo santo». Al nacer lo olvidamos. Por eso «lo que llamamos aprender» es «recuperar un conocimiento ya familiar», es decir, «recordar».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es la naturaleza del aprendizaje. ¿Cómo podemos conocer lo universal si solo vemos casos particulares e imperfectos? Es la vieja paradoja del saber: no se puede buscar lo que se ignora del todo, ni tiene sentido buscar lo que ya se sabe.

Comentario del texto 1.2

El texto generaliza el argumento de los pasajes anteriores. Lo dicho sobre lo igual vale para todo: el razonamiento «no es en algo más sobre lo igual en sí que sobre lo bello en sí, y lo bueno en sí, y lo justo y lo santo». Vale para «todo aquello que etiquetamos con “eso lo que es”». Esa expresión, «lo que es», designa a las Ideas. Las usamos siempre, «al preguntar en nuestras preguntas» y «al responder en nuestras respuestas». Hablar y razonar ya presupone las Ideas.

Después, Sócrates define dos términos. El saber: «conservar el conocimiento que se ha adquirido y no perderlo». El olvido: «la pérdida de un conocimiento». Con estas definiciones plantea una alternativa. O nacemos sabiendo y sabemos siempre, o perdimos el saber al nacer y lo recuperamos después.

La solución es la segunda opción. «Al nacer los perdimos», y luego, «al utilizar nuestros sentidos..., recuperamos los conocimientos que en un tiempo anterior ya teníamos». Los sentidos no producen el saber. Solo lo despiertan. Son la ocasión del recuerdo. De ahí la conclusión final: «¿acaso lo que llamamos aprender no sería recuperar un conocimiento ya familiar? ¿Llamándolo recordar lo llamaríamos correctamente? —Desde luego».

Esta doctrina tiene consecuencias pedagógicas. Educar no es meter contenidos en la mente. Es orientar el alma hacia lo que ya lleva dentro. El mito de la caverna lo ilustrará: la educación es una conversión de la mirada. El texto une, en una sola doctrina, conocimiento, alma y educación.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Platón concluye que aprender es recordar, está apuntando mucho más allá del pasaje. Si los sentidos solo muestran cosas imperfectas y, aun así, conocemos lo perfecto, ese saber tuvo que adquirirse antes de nacer. Y si el alma conoció antes de nacer, existió antes que el cuerpo. El texto une así conocimiento y alma.

Para que todo esto funcione hacen falta dos mundos: el sensible, que percibimos, y el inteligible, que el alma contempló. Y dos realidades en el hombre: cuerpo mortal y alma inmortal. Es decir, el texto presupone el sistema entero de Platón, que conviene exponer ahora.

Síntesis de la filosofía de Platón 2.2

La filosofía de Platón nace como respuesta al relativismo de los sofistas y a la condena de Sócrates: busca un saber firme sobre el que fundar la vida y la política.

Su núcleo es la teoría de las Ideas. La realidad se divide en dos mundos. El sensible es el que percibimos: material, cambiante, imperfecto; pura copia. El inteligible es el de las Ideas: realidades perfectas, eternas e inmutables, como lo Bello en sí o la Justicia en sí. Las cosas son lo que son por participar de las Ideas. Y en la cúspide está la Idea del Bien, que da ser y verdad a todo, como el sol da luz y vida.

A los dos mundos corresponden dos saberes. De lo sensible solo hay opinión (doxa). De lo inteligible hay ciencia (episteme): el pensamiento discursivo de las matemáticas y la inteligencia de la dialéctica. Además, conocer es recordar: el alma contempló las Ideas antes de nacer, y aprender es reminiscencia.

La antropología es dualista. El hombre es un alma inmortal unida a un cuerpo mortal que la ata a lo sensible. El alma tiene tres partes: racional, irascible y concupiscible. Su orden es la virtud —sabiduría, valor, templanza— y de ese orden nace la justicia.

La política reproduce el esquema. La ciudad justa tiene tres clases: gobernantes, guardianes y productores; cada una debe hacer lo suyo. Y debe gobernar quien conoce el Bien: el filósofo. Por eso la educación es la tarea política suprema: el ascenso desde las sombras de la caverna hasta la luz del Bien.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el vitalismo del siglo XIX 3.1

El problema planteado en el texto desemboca en una concepción de la verdad. Para Platón, la verdad es el encuentro entre la razón y la realidad: la razón, apartándose de los sentidos, alcanza lo que verdaderamente es, las Ideas eternas e inmutables. La verdad es, por eso, una, universal e invariable. Esta concepción no es solo suya: define a toda la filosofía griega clásica. Frente a ella, en el siglo XIX surge una corriente que rompe ese esquema: el vitalismo. Para el vitalismo no hay una realidad eterna que la razón pueda encontrar: la realidad es vida, cambio, devenir. Y la razón no es un espejo de lo real, sino un instrumento al servicio de la vida. La verdad deja de ser encuentro y pasa a ser creación vital. El representante más radical de esta corriente es Nietzsche.

El autor: Nietzsche 3.2

Nietzsche niega los dos términos del encuentro platónico. Primero, la realidad: no existe el mundo de las Ideas; «el mundo “aparente” es el único: el “mundo verdadero” no es más que un añadido mentiroso». Lo real es el devenir que muestran los sentidos, no lo eterno que promete la razón. Segundo, la razón: lejos de encontrar la realidad, la falsifica. Los sentidos «no mienten de ninguna manera»; la que miente es la razón, que congela el cambio en conceptos fijos: sustancia, identidad, ser. Las Ideas platónicas no son descubrimientos, sino «momias conceptuales».

Por eso la verdad, para Nietzsche, no es encuentro sino ficción útil: nació como un conjunto de errores que favorecían la vida, y solo «muy tarde» apareció como problema. Preguntar por la verdad es preguntar qué vida se expresa en ella. Y la vida que inventó el mundo verdadero es, a su juicio, una vida débil, que no soporta el devenir y se venga de él imaginando algo mejor.

La confrontación alcanza también al alma. Para Platón, conocer es recordar lo que el alma inmortal contempló; la razón nos emparenta con lo divino. Nietzsche invierte el argumento: venimos de un mundo «mucho más bajo», del cuerpo y sus impulsos; el alma separable es la ficción que enseñó a despreciar la tierra. Frente al ascenso platónico hacia el Bien, su propuesta es la fidelidad a la tierra: decir sí al devenir entero, incluso a lo terrible. Por eso su filosofía puede definirse como un platonismo invertido.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.